Yamila Gonzalez Córdoba es Profesora de Educación Especial, reside en la actualidad en Mar del Plata. Dicta talleres de lengua de señas con mucho amor y es lo que nos llevó a pedirle que nos exprese en un par de párrafos la importancia del lenguaje inclusivo.
Estas que cuando se comunican a todo momento, admirando la belleza de sus configuraciones va dando lugar a aquella lengua cuyo código va de persona en persona y crea identidad, cultura y un patrimonio lingüístico único como todas las otras lenguas.
Alguna vez me pregunte que necesitaban las persona que padecen hipoacusia, oír seria mi respuesta; pero una vez que logre conocer su forma de vivir, sus costumbres y sus ideas pude descubrir que solo necesitaban ser respetados, considerados pares.
Si bien no podemos negar que existe una discapacidad y que la responsabilidad de encontrar la mejor forma de complementar es nuestra, la necesidad de esta comunidad es sin dudas la inclusión y ahí es donde descubrimos un idioma diferente, que se trasmite por medio de una canal distinto al nuestro: la lengua de señas argentina es viso-gestual, con propiedades y una estructura gramatical tan compleja como propia que se diferencia de otras lenguas habladas.
La lengua de señas argentina es ágrafa, no posee un sistema de escritura por este motivo y por la falta de comprensión de cómo funciona el lenguaje, de la falsa correspondencia entre lenguaje y habla, y el simple prejuicio de ser creada como una herramienta del discapacitado y no de la necesidad natural de comunicación es que siguen siendo desvalorizadas y hasta la actualidad sigue la lucha por reconocerla como lengua oficial.
Hay un rasgo biológico que los diferencia de los oyentes, pero las lenguas habladas y las lenguas de señas son igual de eficaces de transmisión y recepción del lenguaje. es entonces, el habla solo un medio de expresión, y las señas un código alternativo cuando falta el sentido de la audición. ( massone, 1996)
Si por un momento, solo pudiéramos observar sin prejuicios, ni metodologías baratas, y lográramos ver personas comunicándose, que perciben el mundo de otra manera y no necesitan nada más que igualdad, quizás, en ese momento nos sentiríamos menos poderosos pero más humanos.
Yamila Gonzalez, Córdoba
Profesora en ed. especial
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